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"Me voy con un
sabor bonito, pero no tanto. He ganado muchos concursos sin
caballos, y yo tampoco pedía muchas oportunidades. Haber
venido a Madrid como vine, el 8 de julio, con una novillada
picada, y la siguiente también en Madrid, el 25 de
septiembre... la verdad es que haber ganado tantas cosas y la
recompensa de haber venido dos tardes aquí... le doy muchas
gracias a Madrid, por haberme puesto dos tardes, pero me
hubiera gustado torear más, como otros compañeros que han
ganado en Vistalegre y han toreado quince o veinte novilladas
antes de venir a Madrid".
Sobre este balance, Román cree que "La verdad es que
ha valido la pena. Ganar tantos trofeos sin caballos, tantos
concursos... no me han servido luego como recompensa con
caballos. Ni me ha llamado nadie para apoderarme nunca, yo no
se lo que es eso; lo que he ido al campo ha sido por mi padre,
esfuerzos que ha hecho para matar a puerta cerrada, y los
tentaderos le doy las gracias al maestro Gregorio por
haberme llevado a esos 15 tentaderos con la Escuela, los
únicos que he hecho".
El momento más duro fue cuando cruzó el tercio y se desprendió
del añadido: "Se me han pasado por la mente muchas cosas,
pero lo primero ha sido coger las tijeras. Cuanto estaba ahí
en el medio era una sensación bonita, cortarme la coleta en la
primera plaza del mundo es bonito, mejor que haberlo hecho en
cualquier otro sitio".
Uno de sus allegados más sorprendidos por el gesto ha sido su
padre, que abandonó en ese momento la plaza de toros. "Mi
padre se ha quedado sorprendido, porque tampoco se lo
esperaba. Pero bueno, los esfuerzos que ha hecho se los tengo
que agradecer, y se los devolveré. Ahora voy a trabajar en el
restaurante nuevo y de camarero allí, a luchar un poco por la
vida", confiesa Román.
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